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lunes, 17 de noviembre de 2014

Un ejercicio de cinismo a cuenta de las preferentes.


          Los señores Santos Llamas y Julio Fermoso, en su comparecencia ante la Audiencia Nacional, hacen un ejercicio de cinismo. Lean si no la noticia. Porque hay que ser cínicos para afirmar, aunque sea acogiéndose a su derecho a la defensa, que las entidades que dirigían emitieron participaciones preferentes porque los clientes "así lo reclamaban". Las participaciones preferentes se emitieron porque "así lo reclamaba", no la clientela, sino la calamitosa situación patrimonial en que se encontraban las cajas, Y como era dudoso que ningún inversor institucional, es decir, profesional y entendido, estuviese dispuesto a correr riesgos apuntalando estas entidades, sus directivos decidieron tapar el agujero por la vía más fácil: colocando las participaciones entre un público cautivo: los clientes de toda la vida, que no iban a leer, ni a entender, los contratos, ni a pedir las cuentas de las cajas para analizarlas. Sencillamente confiaban en el personal de las oficinas. 

          Una vez más hablo con conocimiento de causa. Ya saben que he sido empleado de banca y viví en primera persona todo aquello. No recuerdo a ningún cliente que fuese a la oficina a pedir "preferentes". Lo que sí recuerdo perfectamente es la presión e insistencia de los superiores para que las preferentes se ofreciesen y "colocasen" entre los clientes como fuese. El futuro de la entidad - ¿o era realmente el de los directivos? - iba en ello. 
           En fin, un capítulo más de esta triste historia. Esperemos que la justicia haga su trabajo y ponga a cada uno en su sitio.

martes, 11 de noviembre de 2014

Henry Mintzberg y las retribuciones de los directivos

          Soy un asesor financiero muy preocupado por los aspectos éticos de las finanzas y la actividad empresarial. Por eso recomiendo vivamente la lectura de la entrevista a Henry Mintzberg. En ella, el profesor canandiense expone ideas sobre las que vengo reflexionando desde hace algún tiempo y en las que coincido con él, en especial, las repercusiones sobre las empresas y la sociedad de los sueldos desmesurados de los directivos: ¿Están justificados?. ¿Son morales?. 

          A mi juicio, todos tenemos algo que aportar a la sociedad con nuestro trabajo. Cada cual, por supuesto, en la medida de sus posibilidades. Pero, tanto desde el más humilde obrero del campo, la industria o los servicios, hasta el más reputado de los médicos, ingenieros o ejecutivos, todos contribuyen, contribuimos, al funcionamiento y desarrollo de la sociedad poniendo a disposición de los demás nuestros conocimientos, habilidades, experiencia... 


HENRY MINTZBERG / PROFESOR EN LA DESAUTELS FACULTY OF MANAGEMENT EN CANADÁ

“Los bonus de los ejecutivos destruyen las compañías”

Henry Mintzberg (Montreal, Canadá, 1939) es una de las principales voces del management en el mundo



          Esto me lleva a plantearme las siguientes preguntas:¿Realmente el trabajo de alguien vale cientos o miles de veces más que el de otras personas?. ¿Quién mide, cómo se valora esa supuesta aportación a la empresa o a la sociedad que justifique una retribución semejante?. Voy más allá y me planteo qué tipo de persona puede ser aquella, qué podemos esperar de quien se cree con derecho a ganar miles de veces más que los demás empleados de su compañía ¿Se ven, se sienten diferentes, más valiosos, superiores al resto de los humanos?. Creo que en España la respuesta la estamos encontrando en lo que ha sucedido con las antiguas cajas. Lo que un día sí y otro también se está descubriendo sobre el estilo de gestión y otras prácticas de sus directivos nos está revelando cual es su talla y calidad humana. 

          ¿Y cual ha sido el resultado de esa gestión que, se supone, justificaba tales retribuciones?. Instituciones centenarias quebradas y desaparecidas, más de 50.000 millones de euros en ayudas públicas perdidos, clientes - tanto ahorradores como prestatarios - perjudicados y miles de empleados de banca en la calle. En fin, todo esto da para un artículo que espero publicar próximamente en mi blog. Ahora sólo quiero señalar que, a mi juicio, esto es lo que ocurre cuando el dinero deja de ser lo que es, un mero medio, y pasa a ser un fin en si mismo, al que todo se supedita y sacrifica: ética, principios y, en última instancia, la dignidad de los seres humanos.