El titular de la noticia es inequívoco. Y expresa una idea de la que, tanto por lecturas como por mi propia experiencia personal y profesional, estoy cada vez más convencido: los valores deben regir inexcusablemente tanto el comportamiento individual como el funcionamiento de las organizaciones.
En este caso es Dov Seidman, uno de los expertos en "management" más populares del momento, el que afirma que son los valores lo que realmente diferencia una organización de otra. Aquellas empresas que no lo vean así y se muevan exclusivamente en función de su cuenta de resultados están abocadas al fracaso.
Habla Seidman de "compromiso", de "confianza", de "empleados que no estén sometidos a una obediencia ciega sino que cuenten con autonomía, que no sólo se sientan motivados sino inspirados por los valores y la misión de la empresa. Y para ello hay que conectar con sus valores, creencias y su fidelidad". En resumen, una cultura empresarial que podríamos calificar de "humanista". Este es, parece ser, el gran descubrimiento que acaban de hacer los "gurús" y las escuelas de negocios: las empresas se relacionan con personas y a las personas conviene tratarlas como tales, humanamente.
Dov Seidman: “En los valores reside la verdadera ventaja competitiva”
Para los expertos de las escuelas de gerencia puede ser toda una novedad pero para los filósofos, no. Lo vienen diciendo desde hace más de 2000 años. No sólo los occidentales sino, también, los de las otras dos grandes tradiciones filosóficas: indios y chinos. Los principios de respeto por uno mismo y por los demás, la coherencia, la integridad, la ecuanimidad, el altruísmo, la sincera preocupación por todo lo humano, son ideas que aparecen constantemente en la mayoría de las grandes corrientes de pensamiento. "El fin no justifica los medios" o el "trata a los demás como un fin, no como un medio", de Kant, son dos máximas filosóficas, de entre muchas, que se me ocurren ahora mismo para expresar este idea.
Lo importante es que tengamos presente que la actividad económica, la actividad empresarial, son actividades humanas en la que intervienen y que afectan a seres humanos y en las que, por tanto, estos, los seres humanos, sus necesidades y aspiraciones, deben ser el centro. Una verdad de perogrullo pero que, me da la impresión, parece que no acaba de calar entre los directivos españoles, especialmente entre los de la banca. Será, quizá, porque sus interminables jornadas de trabajo "autoimpuestas" apenas les dejan tiempo para reflexionar. Una lástima. Les animo a que, de vez en cuando, hagan un alto, cojan un clásico de filosofía y le echen un vistazo. Con un poco de suerte, descubrirán que no todo vale en nombre de la cuenta de resultados. Si esto ocurriese, si tuviésemos la fortuna de que hiciesen ese "descubrimiento", seguro que a todos nos iría mejor.
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